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Luminotecnia N 134

¿Para que sirvió la AADL?
“Veinte años no es nada”, dice un famoso tango; entonces, cincuenta años es dos veces y media nada. Pensando en los cincuenta años de la AADL y en los festejos que estamos haciendo para conmemorarlos, volví a recordar aquella frase que alguien pronunció hace diez años cuando en La Cumbre, provincia de Córdoba, se festejaban los cuarenta: ¿para qué sirve la AADL?

Una pregunta que varios se hicieron, y se siguen haciendo, y se han ensayado varias respuestas. Pero esta vez se me ocurrió pensarlo desde otro punto de vista, y me pregunté: ¿para qué sirvió la AADL estos cincuenta años? Y bien, creo que para varias cosas. Empezando por el convenio con el IRAM, que dio lugar a la redacción de varias normas técnicas, algunas precediendo a las internacionales, aplicables a instalaciones y a materiales. Una de ellas, por ejemplo, es la IRAM-AADL J 20 06, que sirvió de base para el decreto reglamentario de la Ley de Seguridad e Higiene en el Trabajo, en lo que respecta a iluminación; hoy, más de cuatro décadas después, recién estamos pensando en actualizarla. Otras, el conjunto de normas que regulan el alumbrado público, tendientes a facilitar el mantenimiento de las luminarias in situ y a evitar la presencia en el mercado de productos de baja calidad, que a la larga resultan más caros para la sociedad. Otra acción importante, en este caso, sin convenio escrito pero que en la práctica funcionó bien, es la colaboración con la AEA en la elaboración del Reglamento para las instalaciones de alumbrado público.

Los centros regionales dictaron y dictan infinidad de cursos destinados a instaladores, decoradores, arquitectos, ingenieros y vendedores, desde básicos hasta relativamente avanzados, para lograr el buen uso de la luz.

La Universidad Nacional de Tucumán fue y es la mejor formadora de recursos humanos en el país y de altísimo nivel en la región, en la que se dan los cursos realmente avanzados. Si bien no es en sí misma parte de la AADL, mantiene con ella una permanente colaboración.

Numerosas jornadas argentinas sobre luminotecnia permitieron a las empresas y profesionales mostrar sus logros, mientras que la siempre activa participación en las Luxamérica llevó a nuestros científicos a ser reconocidos en todo el mundo, muy especialmente en América Latina. Los estatutos de nuestra Asociación fueron un importante antecedente para la fundación de otras similares en la región.

La revista, que comenzó con la AADL fue, desde el comienzo, una forma de información y difusión, actualizándose a través del tiempo en contenidos y presentación, hoy complementada por la página web, siempre acompañando y difundiendo a la evolución de la técnica, que fue importante en los cincuenta años y se ha acelerado en los últimos tiempos.

En lo personal, debo agregar que la AADL me permitió conocer a casi toda la gente vinculada a la luminotecnia en Argentina y algunos del exterior, compartiendo con ellos no solo conocimientos y experiencias profesionales, sino sobre todo camaradería y amistad, lo cual quizás es suficiente motivo como para justificar su existencia.

A través del recuerdo del Ing. Herberto Bühler, inspirador y primer presidente de la AADL, rindo homenaje a él y a todos aquellos que comenzaron con el emprendimiento en 1966, y no me atrevo a nombrarlos porque fueron muchos y seguramente me olvidaría de alguno.

Espero que, más allá de encontrar otras respuestas, los próximos cincuenta años sean al menos iguales en realizaciones, aunque confío en que lo serán en mayor grado. En todo caso, nos reuniremos en 2066 para revisarlo y volver a festejar. Mientras tanto, feliz cincuentenario y a disfrutar de la revista.

Hugo Allegue
Coordinador editorial


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