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Insólito: para evitar robos iluminan Circunvalación de día

Alto voltaje. Se llevan los cables, las columnas, las barandas de contención y todo lo que tenga cobre o aluminio

La empresa concesionaria pedirá un resarcimiento de un millón de pesos debido a los hurtos que padeció

La empresa que ganó la licitación para iluminar la avenida de Circunvalación pedirá un resarcimiento a la Dirección Nacional de Vialidad por un millón de pesos, monto que gastó “de más” para reponer los elementos robados sistemáticamente a medida que fueron avanzando las obras. La firma Perales Aguiar ya no sabe qué hacer para evitar los desmanes permanentes y como último recurso optó por dejar las luces encendidas incluso durante el día con la intención de que nadie se atreva a cortar cables y columnas con alto voltaje.

Es que al estar energizados los cables, se enciende el sistema de iluminación. En esa instancia, tomar contacto directo con el tendido es sumamente peligroso. Por el contrario, al estar las luces apagadas, no hay voltaje en las conexiones. Se trata de un criterio creado para brindar seguridad y evitar accidentes, pero que en este caso tuvo que revertirse.


Las destrucciones en Circunvalación son constantes y nada queda exento de ser sustraido. Si bien todo lo que contenga cobre y aluminio está a la cabeza de las preferencias, desaparecen frecuentemente los carteles de señalización, las máquinas para reparaciones y construcción, las cajas de electricidad, las balizas color naranja con forma de cono, los tambores, los guard rails, sus patas de fijación (de chapa galvanizada) y hasta los bulones de acero que unen cada baranda (hay ocho en cada intersección).

“Varias personas suelen recorrer la avenida con bolsas y bolsos donde colocan cualquier cosa relativamente pequeña que se puedan llevar; van probando si hay algún bulón flojo y, si lo encuentran, lo desenroscan y se lo llevan. Esto es tierra de nadie”, puso sobre el tapete Andrés Borgazzi, ingeniero de Vialidad.

Esta repartición nacional tuvo días pasados un encuentro con altos referentes de la Municipalidad durante el que se plantearon estas cuestiones, que distan de encontrar una solución concreta.

“Los datos están a la vista”, contestó uno de los representantes de la compañía Perales, José Castro, cuando La Capital lo consultó sobre los habituales ilícitos. El ingeniero apuntó al intercambiador de Oroño como la zona más crítica. “Ahí devastaron todo”, dijo sin medias tintas. Suelen aparecer columnas tiradas luego de haber sido cortadas con sierras en sus bases para sacar las luminarias que tienen en sus extremos. Es que los merodeadores de la Circunvalación tienen al aluminio como material predilecto. Por eso, rompen las carcasas de los artefactos y se llevan su metal interno.

No obstante, en ciertas oportunidades también se esfumaron los postes de hierro, sumamente difíciles de seccionar. Tienen entre cuatro y cinco centímetros de espesor y casi 9 metros de altura, por lo que el trabajo no resulta nada simple. Sin hablar de los recursos operativos para su traslado.

Debido a las sustracciones de todo tipo, el cruce entre Circunvalación y Oroño permaneció a oscuras durante meses, hasta que el 1º de junio del año pasado, tras una licitación, se decidió volver a iluminarlo junto con todas las áreas de la avenida adonde no había luz. La intención es alumbrar todo el corredor (27 kilómetros) desde el acceso al puerto de Rosario hasta Rondeau, en la cabecera local del puente Rosario-Victoria.

La concesionaria Perales, que subcontrata a la firma Mantelectric para las tareas de iluminación, quiso contratar a la Gendarmería para que hiciera controles en el anillo vial que rodea a la ciudad. Pero eso no pudo lograrse por lo que desde fines de febrero una empresa de seguridad recorre la arteria brindando un servicio de patrullaje y disuación. “Lamentablemente no puede hacer más que eso; no tiene poder de policía, en todo caso, ante una determinada situación, informa a su centro de operaciones que luego llama al Comando Radioeléctrico”, indicó Castro.

La preocupación de la adjudicataria pasa también por el tiempo que le queda a cargo del mantenimiento de las instalaciones que está haciendo. Deberá ocuparse de ellas hasta el 23 de noviembre. Por eso, será su responsabilidad seguir reponiendo cualquier elemento que se sustraiga. Por ahora, la mejor solución que se halló es proveer de energía a los cables aun de día. Las luces son encendidas por tramos mientras los trabajos no están concluidos para que no se sustraigan elementos y haya que empezar de nuevo.

En rigor, cuando en junio pasado comenzaron las obras, se descubrió que sobre Oroño no se podía simplemente instalar la luz donde faltaba como se pensó en un principio. Las destrucciones de cables alimentadores eran tales que hubo que hacer un trabajo casi desde cero; así, los costos se indexaron y, con todo, ya se gastó cerca de un millón de pesos de más.

Cada vez que se cortan cables (enterrados a más de un metro), hay que reponerlos completos. En un metro de cableado hay 3 kilos de cobre; nada despreciable para los delincuentes.

Los números de los daños son excesivos. Una columna, por ejemplo, cuesta 7 mil pesos. Y para obtener (en el mercado negro) 50 ó 100 pesos por el aluminio de las carcasas de las luminarias, las tiran abajo y las dañan seriamente. Además, se rompe el vidrio de las luces cuando el poste se cae.

Pero hay más, los robos generan que no se pueda dar alimentación eléctrica porque también se llevan los cables que van a los tableros que ya están instalados y, por supuesto, los que unen las luminarias entre sí.

“Esto no se retira en un segundo, para extraer los conductos hay que cavar los pozos, encontrar la punta del cable y tener elementos para hacer fuerza y moverlos (ver aparte). Alguien lo tiene que ver”, advirtió el máximo responsable de Vialidad Nacional en la provincia, Rafael Pretto.

A su turno, Borgazzi enumeró algunas estadísticas: ya se cortaron al ras unas 15 columnas sólo en el distribuidor de Oroño. Y en total quedaron 22 destruidas y seccionadas, aparte de las luminarias. Por otro lado, destrozaron 250 acometidas (los cables que alimentan a las columnas desde el tendido subterráneo). Esto implica abrir de nuevo y conectar otra vez. Sin embargo, los daños son mucho mayores si se cuenta el resto del cableado, las barandas de defensa, los conos, las tapas metálicas, los bulones, los carteles de señalización, una motoguadaña, un equipo electrógeno, y la lista sigue casi indefinidamente.

Publicado el dia: Sábado 18 de marzo de 2006


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