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A Herberto Bühler a 10 años de su muerte

Palabras pronunciadas en el acto de ignauguración de LUXAMERICA 2002, por el Ing. Leonardo Assaf, en conmemoración con el 10º aniversario del fallecimiento de Herberto C. Bühler.

A 10 años de su fallecimiento, en nombre de la AADL y del Departamento de Luminotecnia que hoy lleva su nombre, tengo el honor de tributar el presente homenaje al Ing. Herberto Bühler.

Se trata de un homenaje merecido, pero también de un homenaje necesario. Necesario en el sentido de las lecciones que puede dejar el evocar su memoria: Para quienes no le conocieron, especialmente jóvenes, un valor estimulante e inspirador, contra toda flaqueza y decepción, en un horizonte donde los ejemplos y orientaciones edificantes no se destacan o no son destacados. Hacia 1960 la luminotecnia en la Argentina había entrado en eclipse. Luego de la desaparición del profesor Baidaf y el Sr. Prayon, los pioneros de la década del 30, se encontraba ausente en los planes de enseñanza universitaria, no había métodos cálculo, y los diseñadores calificados escaseaban; tampoco había información fotométrica, ni normas ni recomendaciones. Las primeras jornadas Argentinas de Luminotecnia, realizadas en Tucumán, describirían claramente la situación, mediante tres contundentes párrafos:

  • “hay problemas de formación de recursos humanos. Se requieren cursos de grado y postgrado”
  • “hace falta normalización, pero no hay expertos en esos temas”
  • “hay grandes dificultades en el campo de la fotometría: en la Argentina no hay cómo medir luz”

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El plan concebido por el Ing. Bühler, como en un sueño por aquellos días, sería simple pero contundente. Poseía una concatenación formidable de factores que se potenciaban entre sí, para lograr una luminotecnia sustentable. Primero educación, mediante cursos de diseminación de métodos de cálculo, luego el equipamiento que posibilitaran los servicios fotométricos y asesoramiento al medio, luego la normalización. En 1961 a su pedido se crea el Laboratorio de Luminotecnia, cuya misión, según sus premonitorias palabras serían:

“1º) Formación de recursos humanos a distintos niveles.
2º) Investigación y desarrollo, especialmente orientada a crear la infraestructura técnico-científica que el país necesita para la aplicación de las más modernas metodologías de diseño de los proyectos luminotécnicos. 3º) Colaboración con la industria nacional y los entes que así lo requieran…”

Esta trilogía, se mantiene vigente luego de más de 40 años y sería perfectamente aplicable hoy a la planificación de nuestro Departamento de Luminotecnia.

A partir de la creación del Laboratorio de Luminotecnia los hechos se suceden vertiginosamente: En sólo 15 años la información fotométrica suministrada a la industria, era en Argentina equiparable a la de Holanda, siendo uno de los pocos países del mundo en donde se suministraba curvas isolux e isocandela sobre el plano.

En 1966 a su instancia se crea la AADL, nucleando a la industria, los laboratorios, el comercio y los diseñadores. Luego, el convenio IRAM-AADL, las actividades de normalización y de recomendaciones, la creación de centros regionales y la expansión de actividades del laboratorio de luminotecnia hacia un ámbito que trascendía nuestras fronteras.

Si algo caracterizó su vida fue su profunda vocación docente, actividad a la que él le concedía el mayor rango. Por más de 40 años jamás abandonó el dictado de sus clases ni siquiera durante períodos de intensa labor y responsabilidades universitarias. Pero su vocación docente rebasaba el ámbito universitario: Con un competente equipo ofrecía sus servicios a quienes lo solicitaran por el módico precio de pasajes y alojamiento. En este mismo sitio hace 35 años dictó el primer curso nacional sobre Alumbrado Público. Le siguieron numerosos otros a lo largo y ancho del país y más allá de él: Salta, Córdoba, Buenos Aires o Corrientes, Santiago, Mendoza, Comahue o Belho Horizonte. Gradualmente se ubicaron en el escenario de la iluminación voces autorizadas pertenecientes a la industria, los municipios o las universidades, que requerían información y especificaciones y fotométricas. Nivel de iluminancia, rendimiento sobre calzada, depreciación luminosa, color y deslumbramiento: el nuevo lenguaje de la técnica se imponía inexorablemente. A partir de 1969 los fabricantes empiezan a mostrar su interés de ingresar en este proceso y a requerir servicios para no quedar desactualizados, por vez primera la certificación es un elemento de competitividad comercial, la tecnología y la normalización se enseñorean en el mercadismo. Inicia así el Laboratorio de Luminotecnia una actividad que las autoridades universidades tardarían 20 años en descubrir su importancia, nos referimos a la transferencia de tecnología y servicios. ¿Atraso de las autoridades o adelanto de Bühler a su tiempo? probablemente ambas cosas.

El carácter del Ing. Bühler era abierto y permeable a cualquier idea o sugerencia válida. Por eso compartía sus inquietudes con todos, incluyendo sus propios alumnos. Su mensaje era claro aunque sus opiniones, muy autorizadas, eran vertidas sin ningún sesgo de “cosa juzgada” como dejando espacio al criterio de los demás. Su accionar era honesto y en sus proyectos no había otra cosa que no fuera el progreso de la luminotecnia que buscaba con íntima convicción y ahínco. De allí provenía su autoridad y la gran adhesión que suscitaba. Decir que su obra no fue la de un hombre solo, sino que pudo contar con la valiosa colaboración de muchos, no mengua su estatura sino que la agranda, pues supo transmir el fuego sagrado, despertando una fuerte motivación a quienes lo rodeaban en la universidad, la industria y el comercio para colaborar en la tarea que se planteaba, con objetivos que se cumplían gradualmente y jalonaron una época de muchas realizaciones aunque no carentes de dificultades y tropiezos.

Su intensa actividad universitaria y científica no agotaba su humanidad. Puede decirse que su verdadera vocación más que la concordia, era la armonía: 35 años de barítono en el Coro de la Universidad, revela esa veta artística que afloraba en cualquier momento. Matizaba actos y celebraciones de la ingeniería con coros y sinfonías de Sibelius, Motzart y Bethoveen. Arte y Técnica como un todo, sin solución de continuidad, ni fronteras.

“spip”>Sin dudas el Ing. Bühler marcó un hito en la luminotecnia argentina. Su inmensa obra hace difícil encontrar a una década de su muerte alguna huella del amplio espacio de esta ciencia que no haya sido transitada por él en su misión de pionero y visionario.

Dije que era un homenaje necesario: Para aquellos que tuvimos el alto honor de compartir su trabajo, para quienes lo sucedimos, la evocación hará presente el agradecimiento y la nostalgia, pero tambien el enorme desafío de poder emular su obra y transmitir aquel fuego que supimos recibir. A 10 años de su fallecimiento, en nombre de la AADL y del Departamento de Luminotecnia que hoy lleva su nombre, tengo el honor de tributar el presente homenaje al Ing. Herberto Bühler.

Se trata de un homenaje merecido, pero también de un homenaje necesario. Necesario en el sentido de las lecciones que puede dejar el evocar su memoria: Para quienes no le conocieron, especialmente jóvenes, un valor estimulante e inspirador, contra toda flaqueza y decepción, en un horizonte donde los ejemplos y orientaciones edificantes no se destacan o no son destacados.

Hacia 1960 la luminotecnia en la Argentina había entrado en eclipse. Luego de la desaparición del profesor Baidaf y el Sr. Prayon, los pioneros de la década del 30, se encontraba ausente en los planes de enseñanza universitaria, no había métodos cálculo, y los diseñadores calificados escaseaban; tampoco había información fotométrica, ni normas ni recomendaciones. Las primeras jornadas Argentinas de Luminotecnia, realizadas en Tucumán, describirían claramente la situación, mediante tres contundentes párrafos:

  • “hay problemas de formación de recursos humanos. Se requieren cursos de grado y postgrado”
  • “hace falta normalización, pero no hay expertos en esos temas”
  • “hay grandes dificultades en el campo de la fotometría: en la Argentina no hay cómo medir luz”

El plan concebido por el Ing. Bühler, como en un sueño por aquellos días, sería simple pero contundente. Poseía una concatenación formidable de factores que se potenciaban entre sí, para lograr una luminotecnia sustentable. Primero educación, mediante cursos de diseminación de métodos de cálculo, luego el equipamiento que posibilitaran los servicios fotométricos y asesoramiento al medio, luego la normalización. En 1961 a su pedido se crea el Laboratorio de Luminotecnia, cuya misión, según sus premonitorias palabras serían:

“1º) Formación de recursos humanos a distintos niveles.
2º) Investigación y desarrollo, especialmente orientada a crear la infraestructura técnico-científica que el país necesita para la aplicación de las más modernas metodologías de diseño de los proyectos luminotécnicos. 3º) Colaboración con la industria nacional y los entes que así lo requieran…”

Esta trilogía, se mantiene vigente luego de más de 40 años y sería perfectamente aplicable hoy a la planificación de nuestro Departamento de Luminotecnia.

A partir de la creación del Laboratorio de Luminotecnia los hechos se suceden vertiginosamente: En sólo 15 años la información fotométrica suministrada a la industria, era en Argentina equiparable a la de Holanda, siendo uno de los pocos países del mundo en donde se suministraba curvas isolux e isocandela sobre el plano.

En 1966 a su instancia se crea la A

ADL, nucleando a la industria, los laboratorios, el comercio y los diseñadores. Luego, el convenio IRAM-AADL, las actividades de normalización y de recomendaciones, la creación de centros regionales y la expansión de actividades del laboratorio de luminotecnia hacia un ámbito que trascendía nuestras fronteras.

Si algo caracterizó su vida fue su profunda vocación docente, actividad a la que él le concedía el mayor rango. Por más de 40 años jamás abandonó el dictado de sus clases ni siquiera durante períodos de intensa labor y responsabilidades universitarias. Pero su vocación docente rebasaba el ámbito universitario: Con un competente equipo ofrecía sus servicios a quienes lo solicitaran por el módico precio de pasajes y alojamiento. En este mismo sitio hace 35 años dictó el primer curso nacional sobre Alumbrado Público. Le siguieron numerosos otros a lo largo y ancho del país y más allá de él: Salta, Córdoba, Buenos Aires o Corrientes, Santiago, Mendoza, Comahue o Belho Horizonte. Gradualmente se ubicaron en el escenario de la iluminación voces autorizadas pertenecientes a la industria, los municipios o las universidades, que requerían información y especificaciones y fotométricas. Nivel de iluminancia, rendimiento sobre calzada, depreciación luminosa, color y deslumbramiento: el nuevo lenguaje de la técnica se imponía inexorablemente. A partir de 1969 los fabricantes empiezan a mostrar su interés de ingresar en este proceso y a requerir servicios para no quedar desactualizados, por vez primera la certificación es un elemento de competitividad comercial, la tecnología y la normalización se enseñorean en el mercadismo. Inicia así el Laboratorio de Luminotecnia una actividad que las autoridades universidades tardarían 20 años en descubrir su importancia, nos referimos a la transferencia de tecnología y servicios. ¿Atraso de las autoridades o adelanto de Bühler a su tiempo? probablemente ambas cosas.

El carácter del Ing. Bühler era abierto y permeable a cualquier idea o sugerencia válida. Por eso compartía sus inquietudes con todos, incluyendo sus propios alumnos. Su mensaje era claro aunque sus opiniones, muy autorizadas, eran vertidas sin ningún sesgo de “cosa juzgada” como dejando espacio al criterio de los demás. Su accionar era honesto y en sus proyectos no había otra cosa que no fuera el progreso de la luminotecnia que buscaba con íntima convicción y ahínco. De allí provenía su autoridad y la gran adhesión que suscitaba. Decir que su obra no fue la de un hombre solo, sino que pudo contar con la valiosa colaboración de muchos, no mengua su estatura sino que la agranda, pues supo transmir el fuego sagrado, despertando una fuerte motivación a quienes lo rodeaban en la universidad, la industria y el comercio para colaborar en la tarea que se planteaba, con objetivos que se cumplían gradualmente y jalonaron una época de muchas realizaciones aunque no carentes de dificultades y tropiezos.

Su intensa actividad universitaria y científica no agotaba su humanidad. Puede decirse que su verdadera vocación más que la concordia, era la armonía: 35 años de barítono en el Coro de la Universidad, revela esa veta artística que afloraba en cualquier momento. Matizaba actos y celebraciones de la ingeniería con coros y sinfonías de Sibelius, Motzart y Bethoveen. Arte y Técnica como un todo, sin solución de continuidad, ni fronteras.

Sin dudas el Ing. Bühler marcó un hito en la luminotecnia argentina. Su inmensa obra hace difícil encontrar a una década de su muerte alguna huella del amplio espacio de esta ciencia que no haya sido transitada por él en su misión de pionero y visionario.

Dije que era un homenaje necesario: Para aquellos que tuvimos el alto honor de compartir su trabajo, para quienes lo sucedimos, la evocación hará presente el agradecimiento y la nostalgia, pero tambien el enorme desafío de poder emular su obra y transmitir aquel fuego que supimos recibir. A 10 años de su fallecimiento, en nombre d
e la AADL y del Departamento de Luminotecnia que hoy lleva su nombre, tengo el honor de tributar el presente homenaje al Ing. Herberto Bühler.

Se trata de un homenaje merecido, pero también de un homenaje necesario. Necesario en el sentido de las lecciones que puede dejar el evocar su memoria: Para quienes no le conocieron, especialmente jóvenes, un valor estimulante e inspirador, contra toda flaqueza y decepción, en un horizonte donde los ejemplos y orientaciones edificantes no se destacan o no son destacados.

Hacia 1960 la luminotecnia en la Argentina había entrado en eclipse. Luego de la desaparición del profesor Baidaf y el Sr. Prayon, los pioneros de la década del 30, se encontraba ausente en los planes de enseñanza universitaria, no había métodos cálculo, y los diseñadores calificados escaseaban; tampoco había información fotométrica, ni normas ni recomendaciones. Las primeras jornadas Argentinas de Luminotecnia, realizadas en Tucumán, describirían claramente la situación, mediante tres contundentes párrafos:

  • “hay problemas de formación de recursos humanos. Se requieren cursos de grado y postgrado”
  • “hace falta normalización, pero no hay expertos en esos temas”
  • “hay grandes dificultades en el campo de la fotometría: en la Argentina no hay cómo medir luz”

El plan concebido por el Ing. Bühler, como en un sueño por aquellos días, sería simple pero contundente. Poseía una concatenación formidable de factores que se potenciaban entre sí, para lograr una luminotecnia sustentable. Primero educación, mediante cursos de diseminación de métodos de cálculo, luego el equipamiento que posibilitaran los servicios fotométricos y asesoramiento al medio, luego la normalización. En 1961 a su pedido se crea el Laboratorio de Luminotecnia, cuya misión, según sus premonitorias palabras serían:

“1º) Formación de recursos humanos a distintos niveles.
2º) Investigación y desarrollo, especialmente orientada a crear la infraestructura técnico-científica que el país necesita para la aplicación de las más modernas metodologías de diseño de los proyectos luminotécnicos. 3º) Colaboración con la industria nacional y los entes que así lo requieran…”

Esta trilogía, se mantiene vigente luego de más de 40 años y sería perfectamente aplicable hoy a la planificación de nuestro Departamento de Luminotecnia.

A partir de la creación del Laboratorio de Luminotecnia los hechos se suceden vertiginosamente: En sólo 15 años la información fotométrica suministrada a la industria, era en Argentina equiparable a la de Holanda, siendo uno de los pocos países del mundo en donde se suministraba curvas isolux e isocandela sobre el plano.

En 1966 a su instancia se crea la AADL, nucleando a la industria, los laboratorios, el comercio y los diseñadores. Luego, el convenio IRAM-AADL, las actividades de normalización y de recomendaciones, la creación de centros regionales y la expansión de actividades del laboratorio de luminotecnia hacia un ámbito que trascendía nuestras fronteras.

Si algo caracterizó su vida fue su profunda vocación docente, actividad a la que él le concedía el mayor rango. Por más de 40 años jamás abandonó el dictado de sus clases ni siquiera durante períodos de intensa labor y responsabilidades universitarias. Pero su vocación docente rebasaba el ámbito universitario: Con un competente equipo ofrecía sus servicios a quienes lo solicitaran por el módico precio de pasajes y alojamiento. En este mismo sitio hace 35 años dictó el primer curso nacional sobre Alumbrado Público. Le siguieron numerosos otros a lo largo y ancho del país y más allá de él: Salta, Córdoba, Buenos Aires o Corrientes, Santiago, Mendoza, Comahue o Belho Horizonte. Gradualmente se ubicaron en el escenario de la iluminación voces autorizadas pertenecientes a la industria, los municipios o las universidades, que requerían información y especificaciones y fotométricas. Nivel de iluminancia, rendimiento sobre calzada, depreciación luminosa, color y deslumbramiento: el nuevo lenguaje de la técnica se imponía inexorablemente. A partir de 1969 los fabricantes empiezan a mostrar su interés de ingresar en este proceso y a requerir servicios para no quedar desactualizados, por vez primera la certificación es un elemento de competitividad comercial, la tecnología y la normalización se enseñorean en el mercadismo. Inicia así el Laboratorio de Luminotecnia una actividad que las autoridades universidades tardarían 20 años en descubrir su importancia, nos referimos a la transferencia de tecnología y servicios. ¿Atraso de las autoridades o adelanto de Bühler a su tiempo? probablemente ambas cosas.

El carácter del Ing. Bühler era abierto y permeable a cualquier idea o sugerencia válida. Por eso compartía sus inquietudes con todos, incluyendo sus propios alumnos. Su mensaje era claro aunque sus opiniones, muy autorizadas, eran vertidas sin ningún sesgo de “cosa juzgada” como dejando espacio al criterio de los demás. Su accionar era honesto y en sus proyectos no había otra cosa que no fuera el progreso de la luminotecnia que buscaba con íntima convicción y ahínco. De allí provenía su autoridad y la gran adhesión que suscitaba. Decir que su obra no fue la de un hombre solo, sino que pudo contar con la valiosa colaboración de muchos, no mengua su estatura sino que la agranda, pues supo transmir el fuego sagrado, despertando una fuerte motivación a quienes lo rodeaban en la universidad, la industria y el comercio para colaborar en la tarea que se planteaba, con objetivos que se cumplían gradualmente y jalonaron una época de muchas realizaciones aunque no carentes de dificultades y tropiezos.

Su intensa actividad universitaria y científica no agotaba su humanidad. Puede decirse que su verdadera vocación más que la concordia, era la armonía: 35 años de barítono en el Coro de la Universidad, revela esa veta artística que afloraba en cualquier momento. Matizaba actos y celebraciones de la ingeniería con coros y sinfonías de Sibelius, Motzart y Bethoveen. Arte y Técnica como un todo, sin solución de continuidad, ni fronteras.

Sin dudas el Ing. Bühler marcó un hito en la luminotecnia argentina. Su inmensa obra hace difícil encontrar a una década de su muerte alguna huella del amplio espacio de esta ciencia que no haya sido transitada por él en su misión de pionero y visionario.

Dije que era un homenaje necesario: Para aquellos que tuvimos el alto honor de compartir su trabajo, para quienes lo sucedimos, la evocación hará presente el agradecimiento y la nostalgia, pero tambien el enorme desafío de poder emular su obra y transmitir aquel fuego que supimos recibir.


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