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Luminotencia N 84: Aceptar la innovación, ¿por la razón o por la fuerza?

Aceptar la innovación, ¿por la razón o por la fuerza?

Sé que no aporta nada nuevo admirarse de la tecnología, las innovaciones y nuevos inventos que permanentemente salen al paso en este mundo, pero no puedo dejar de hacerlo. Para los que tenemos cierta edad, una retrospectiva de lo que vimos hasta hoy puede resultar un largometraje de productos que estaban, que llegaron y que se fueron.

También podemos ver los que están por llegar, aquellos que los futurólogos anuncian. Es cierto que muchas veces los pronósticos no se cumplen. El mercado tiene sus leyes en cuanto a la aceptación de algo nuevo, muchas innovaciones sólo cumplen parcialmente las expectativas de los usuarios, y no pueden imponerse. Claro que nadie les reclama nada a los pronosticadores sobre sus desaciertos en esta materia.

Recuerdo la revista Mecánica Popular del año 1963, anunciando “El hogar del año 2000”; el artículo mostraba un matrimonio sonriente que disfrutaba su programa favorito en un televisor color. Cerca de ellos, un robot androide pasaba una lustra-aspiradora por el piso, mientras la ventana de ese idílico hogar, dejaba ver, en un espléndido jardín, otro robot lavando un Cadillac Eldorado, aquel ícono norteamericano de la época, con motor de 8,5 litros. Estamos en 2007, tengo televisor color, pero mi esposa aún me reclama el lavavajillas. Del robot ni hablar. En una civilización ansiosa de tales esperanzas, toda noticia sobre un mundo mágico que se avecina siempre fue bienvenida y el pecado de ilusionarnos, aún a costa de exagerar o fabular, absuelto.

Pero lo cierto es que hay un mundo cambiante de la mano de la tecnología. No lo podemos ignorar, lo hemos palpado en nuestra profesión. El sentido de la obsolescencia que representa la innovación tecnológica en luminotecnia es fantástico. Aunque algunos productos se resisten salir del escenario, como las lámparas incandescentes, y otros, como las lámparas halogenadas de alta presión compactas, para usar en nuestro hogar, anunciada en 1980, apenas superan la etapa de desarrollo de laboratorio; las lámparas fluorescentes de baja presión, parecen hoy capaces de destronar a su bisabuela, las incandescentes.

Somos admiradores de la tecnología y nuestro mercado de iluminación cuenta con un rango de productos, casi comparable al de un país desarrollado. Pero el nivel de obsolescencia de las instalaciones y nuestra reticencia a incorporar tecnología son asombrosas.

Sea por la crisis económica pasada, sea por ignorancia, sea por cultura, lo cierto es que nos resistimos. Tampoco es un problema local, en Australia el ministro de Medio Ambiente, Malcolm Turnbull, acaba de anunciar una ley que prohíbe la comercialización y uso de lámparas incandescentes hacia 2010. No se trata de seguir una onda ni de rendir culto a lo nuevo, se trata de compadecerse con los millones de dólares de pérdidas y la gran contaminación atmosférica que podrían evitarse, si se considerara la eficiencia. Este anuario de LUMINOTECNIA, es un compendio de productos tecnológicos disponibles en el mercado argentino. Les recomiendo pensar en la innovación a la hora de planear un proyecto. ¿Será, acaso, que necesitamos la fuerza de la ley para pensar en la eficiencia, de la misma forma que lo hizo Australia?. Les envío un cordial saludo.

Dr. Ing. Leonardo Assaf
Presidente de la AADL


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